San Salvador, 15 de junio de 2012.
La gente que me gusta y la que no.
Me gusta la gente que mira a los ojos para dejar al descubierto la transparencia de su amistad y sinceridad, me gustan los que hablan en voz baja porque su fuerza está en sus ideas y en sus argumentos, me gusta la gente que sonríe porque comparte su alegría y derrota en cada instante de su vida la tristeza y el egoísmo, me gusta la gente sin dobleces, directa, que cuando dice sí, es sí, y cuando dice no, es no. Me enamora la gente inteligente, me alucina cuando además posee un brillante sentido del humor. Me gusta la gente que habla de sus problemas y sufrimientos, como mero desahogo, sin trasladarlos a los demás, me gusta el amigo que es capaz de llorar y entristecerse por una pena genuina, son magnánimos y además fuertes.
Me impresiona la gente que puede pedir perdón cuando es necesario hacerlo, me gusta la gente que pide disculpas cuando comete un error y cuando, a pesar de recibir indiferencia, continúa siendo cortés. Me gusta la gente que sonríe cuando ve cometer un error, es muestra de que se ve en un espejo antes de criticar a los demás, me agrada la gente indulgente que tolera los errores de los demás, sus faltas , porque sabe que somos humanos y errar es nuestro destino si somos propositivos, si actuamos, si hacemos algo en este mundo.
Me seduce la gente que corrige sus errores, que no se vanagloria de ellos, que admite sus faltas y se disculpa por ellas. Me encanta la gente que quiere cada día ser mejor, más bondadosa, más solidaria y aunque poco, avanza siempre por el camino de la armonía familiar y social.
Me fortalece saber que todo esto es difícil, pero es que todo lo que vale es cosa de dedicación, sacrificio, esfuerzo continuo, responsabilidad y disciplina. Porque esto es lo que necesita El Salvador, sobre todo en aquellas áreas en que trabajan los que dirigen, que no sólo tienen, sino que deben ser ejemplares. Las cosas que valen cuestan, crear un nuevo país, justo, libre, solidario, cuesta, cuesta tanto, que nadie quiere tomarse el trabajo de empezar y cada día es más tarde, cada día nos acercamos más y más al precipicio de la desolación, del juicio final, de nuestro propio, auténtico y nacional Juicio Final, que nos juzgará con dureza por lo que hicimos mal y por lo que dejamos de hacer por este desangrado país.
Me gusta pensar que como Sodoma y Gomorra, habrá una persona justa, una sola, que cumpla con lo que me gusta, de mirada clara, honrada, sensata, centrada en la realidad y que tomará algún día las riendas de este desbocado y secuestrado país por la maldad, para llevarlo al sendero del Bien y crear así la nación que deseamos todos: justa, digna, libre en donde todos vivamos en armonía y dignidad, quizás no en ausencia completa del mal que es poderoso, pero un mundo en que la balanza, al menos, se incline al lado del bien
Porque me gusta la gente que hace el bien, que vive de su esfuerzo, no de el de los demás, me gusta la gente que tiene porque puede, que puede hacerlo con sus propios medios, con su propio esfuerzo, porque esa es la gente valiosa que se esfuerza y en su esfuerzo no atropella a los demás, reconozco el mérito del trabajo, repudio el que para tener se apropia de lo ajeno, de lo que otros, en las peores circunstancias hacen para que otros vivamos mejor. Me repugna el corrupto y la corrupción porque es la más malvada forma de empobrecer y de engañar.
Me siento agradecido con la gente amorosa, educada, honesta, solidaria que contribuye a la armonía del Universo, que hace tener esperanzas a aquellos que amamos, deseamos, el bien para todos.
LSR
sábado, 16 de junio de 2012
domingo, 3 de junio de 2012
San Salvador, 3 de junio de 2012.
Húmedos recuerdos
Al norte, sobre el volcán, huecos azules interrumpían el blanco manto de nubes que descansaba sobre San Salvador, el sol tímido de la tarde alumbraba con su luz amarilla, una lluvia ligera, fina, obstinada que caía sobre el jardín y en las plantas, jugueteaban brillantes gotas de agua, que con los rayos del sol, convertían las hojas en joyeros.
El tiempo de lluvias, la lluvia en sí, es para mi el tiempo perfecto, desde pequeño la lluvia que me impedía ir al colegio era una bendición, pues siempre he padecido de las amígdalas, y en aquella época lejana, hablo de hace casi sesenta años, había que cuidarse pues la medicina no era tan avanzada y la cura era que te las quitaran, lo cual significaba operación, gastos, en una palabra: problemas.
Pero sobre todo es un tiempo íntimo, cuando llueve el mundo se apacigua, pareciera que nos comunicamos con la naturaleza de forma más amistosa, más armónica, hay una especie de comunión con ella, que se acentúa con el murmullo de las gotas y el viento que nos habla de la fertilidad de la tierra, de la perpetua renovación del Universo. Los aromas de la tierra y las plantas nos envuelven en un aura de sensaciones y percepciones que nos transportan en el tiempo y el espacio, nos recuerdan los temores de la niñez, que hoy nos hacen sonreír, cuando escapábamos de los rugidos de la tormenta cerrando fuertemente los ojos y escondiéndonos debajo de las sábanas, o con nuestra almohada preferida refugiarnos entre papá y mamá, que a veces ni cuenta se daban de nuestra cobarde invasión.
La lluvia me trae tantos recuerdos, como cuando caminaba en las corrientes de las calles empedradas de la vieja Santa Tecla, que no existe más, un disfrute sin igual de libertad, a pesar de las amígdalas, que me me hacía alcanzar las puertas del Paraíso y el País de Nunca Jamás. Viniera después lo que viniera, cuando llegaba a casa con los zapatos despegados y mojado hasta los huesos, los contratiempos de la infancia duran segundos.
Más adelante vinieron las novias, que caminaban tomadas de la mano, mientras se empapaban y sus formas se percibían nítidas en esa semi transparencia, que agitaba con furor las hormonas que producía "in illo tempore" a raudales, como la lluvia. Buenas épocas como se dice.
Así fue transcurriendo mi vida entre la lluvia acariciadora, dejando huellas indelebles en mi alma, su frescura, su suave música que adormece en los días libres, lluvia de recuerdos y vivencias que siguen alegrando y arrullando mi espíritu. ¿Te acuerdas cuando bajo la lluvia te cortaba flores silvestres para colocarlas en tu cabello?, o ¿cuando bajo una fuerte tormenta te compré una rosa y la cortaste por el tallo cuando cerraste apresuradamente la puerta del auto?, la lluvia convierte en alegría las torpezas y sé también que flagela a nuestros pobres en sus precarias casas. Nunca me he olvidado de ello, ni he sido insensible a esas circunstancias, pero en lo personal, la lluvia ha sido compañera divertida, romántica, acariciadora, un disfrute sencillo pero maravilloso, que ha hecho mi vida más disfrutable y no me ha costado un centavo. Los grandes placeres de la vida son así, sencillos, como el amor verdadero, sin complicaciones, una relación amigable, auténtica, solidaria de apoyo mutuo, suave y fresco... como mi lluvia.
LSR.
Húmedos recuerdos
Al norte, sobre el volcán, huecos azules interrumpían el blanco manto de nubes que descansaba sobre San Salvador, el sol tímido de la tarde alumbraba con su luz amarilla, una lluvia ligera, fina, obstinada que caía sobre el jardín y en las plantas, jugueteaban brillantes gotas de agua, que con los rayos del sol, convertían las hojas en joyeros.
El tiempo de lluvias, la lluvia en sí, es para mi el tiempo perfecto, desde pequeño la lluvia que me impedía ir al colegio era una bendición, pues siempre he padecido de las amígdalas, y en aquella época lejana, hablo de hace casi sesenta años, había que cuidarse pues la medicina no era tan avanzada y la cura era que te las quitaran, lo cual significaba operación, gastos, en una palabra: problemas.
Pero sobre todo es un tiempo íntimo, cuando llueve el mundo se apacigua, pareciera que nos comunicamos con la naturaleza de forma más amistosa, más armónica, hay una especie de comunión con ella, que se acentúa con el murmullo de las gotas y el viento que nos habla de la fertilidad de la tierra, de la perpetua renovación del Universo. Los aromas de la tierra y las plantas nos envuelven en un aura de sensaciones y percepciones que nos transportan en el tiempo y el espacio, nos recuerdan los temores de la niñez, que hoy nos hacen sonreír, cuando escapábamos de los rugidos de la tormenta cerrando fuertemente los ojos y escondiéndonos debajo de las sábanas, o con nuestra almohada preferida refugiarnos entre papá y mamá, que a veces ni cuenta se daban de nuestra cobarde invasión.
La lluvia me trae tantos recuerdos, como cuando caminaba en las corrientes de las calles empedradas de la vieja Santa Tecla, que no existe más, un disfrute sin igual de libertad, a pesar de las amígdalas, que me me hacía alcanzar las puertas del Paraíso y el País de Nunca Jamás. Viniera después lo que viniera, cuando llegaba a casa con los zapatos despegados y mojado hasta los huesos, los contratiempos de la infancia duran segundos.
Más adelante vinieron las novias, que caminaban tomadas de la mano, mientras se empapaban y sus formas se percibían nítidas en esa semi transparencia, que agitaba con furor las hormonas que producía "in illo tempore" a raudales, como la lluvia. Buenas épocas como se dice.
Así fue transcurriendo mi vida entre la lluvia acariciadora, dejando huellas indelebles en mi alma, su frescura, su suave música que adormece en los días libres, lluvia de recuerdos y vivencias que siguen alegrando y arrullando mi espíritu. ¿Te acuerdas cuando bajo la lluvia te cortaba flores silvestres para colocarlas en tu cabello?, o ¿cuando bajo una fuerte tormenta te compré una rosa y la cortaste por el tallo cuando cerraste apresuradamente la puerta del auto?, la lluvia convierte en alegría las torpezas y sé también que flagela a nuestros pobres en sus precarias casas. Nunca me he olvidado de ello, ni he sido insensible a esas circunstancias, pero en lo personal, la lluvia ha sido compañera divertida, romántica, acariciadora, un disfrute sencillo pero maravilloso, que ha hecho mi vida más disfrutable y no me ha costado un centavo. Los grandes placeres de la vida son así, sencillos, como el amor verdadero, sin complicaciones, una relación amigable, auténtica, solidaria de apoyo mutuo, suave y fresco... como mi lluvia.
LSR.
viernes, 1 de junio de 2012
San Salvador, 25 de mayo de 2012.
La complicada geometría de la vida.
Las noticias que tuve de Helena en su ausencia fueron muy confusas, que si se había ido del país, que si estaba en Guatemala, en la Antigua; en Florencia, en Italia en fin, nada seguro, pero siendo como es, un alma sensible, amante de la belleza, esos lugares son muy posibles; recibo sus correos y mensajes con cierta irregular frecuencia en los que jamás se asoma la mínima pista de su residencia, no he querido preguntarle dónde se encuentra porque sé que no obtendré ninguna respuesta. La complicada geometría de su vida ha sido para mi un teorema irresuelto. Nunca estuve seguro de sus sentimientos, ni de los míos con respecto a ella, pero de que había algo entre nosotros, lo había.
Lo cierto es que es una mujer estupenda, inteligente, serena, guapa, no bella, pero con clase. Escribo sobre ella porque ha sido siempre un enigma para mi y porque hoy he recibido uno de sus típicos mensajes y la he recordado con ternura.
Las líneas de su pensamiento crean estructuras mentales que jamás he podido resolver; los esquemas de su mente son muy complicados y encima de ello, junto a los míos, las complicaciones se vuelven infinitas, conversar con ella bajo esas circunstancias, aunque era fascinante y enriquecedor, me perturbaba y me agotaba, un cierto dolor se apoderaba de mi y una tristeza por ella me desgarraba el corazón, porque creía que nunca podría ser feliz.
Dije que había algo entre los dos, sí y no, tal vez pueda explicarme; después del amor lloraba con una furia contenida pero densa, profunda; se daba vuelta y en silencio, sollozaba sin quejas, sin sobresaltos, odiaba ese brutal e indigno ritual posesivo -eran sus exactas palabras- y en ese instante creo, me odiaba con toda su alma. Yo, por el contrario, pensaba y actuaba de la más tierna manera, algo sublime pasaba por mi mente cuando estaba con ella y después que su furia amainaba, se lo explicaba de forma natural y sincera. Me escuchaba mirándome a los ojos desde sus profundas esmeraldas, veladas por un absoluto escepticismo. Era y no era una relación.
Siempre prefirió las caricias periféricas, el roce de mis manos sobre su rostro, en sus brazos y aún en sus senos, pero en este último caso enmudecía, cerraba los ojos y permanecía como si su mente estuviera fuera de este mundo, luego tomaba mi mano entre las suyas y me besaba las puntas de los dedos. ¿Sientes?, me preguntaba varias veces y nunca supe qué responder. Pero eso me hizo comprender, tiempo después, que una sensibilidad exacerbada dominaba su cuerpo y su alma, comprendí lo del "brutal e indigno ritual", hay mujeres así, de extremas sensaciones y percepciones.
El mensaje que recibí este día reza así: "creo que al fin te he comprendido, el acto de amor es un acto de ternura, tú sabes cómo explicarlo, llego la próxima semana para que lo intentes de nuevo". La he recordado con profunda alegría, porque sé que ahora puede llegar a ser feliz, quizás no conmigo, pero por lo que fue, he escrito este pequeño recuerdo, en homenaje a nuestros desencuentros y al verdadero amor: tierno, sincero, profundo, total, creo que al fin las formas geométricas de su mente se superpusieron exactamente sobre las mías...como en el amor.
LSR.
La complicada geometría de la vida.
Las noticias que tuve de Helena en su ausencia fueron muy confusas, que si se había ido del país, que si estaba en Guatemala, en la Antigua; en Florencia, en Italia en fin, nada seguro, pero siendo como es, un alma sensible, amante de la belleza, esos lugares son muy posibles; recibo sus correos y mensajes con cierta irregular frecuencia en los que jamás se asoma la mínima pista de su residencia, no he querido preguntarle dónde se encuentra porque sé que no obtendré ninguna respuesta. La complicada geometría de su vida ha sido para mi un teorema irresuelto. Nunca estuve seguro de sus sentimientos, ni de los míos con respecto a ella, pero de que había algo entre nosotros, lo había.
Lo cierto es que es una mujer estupenda, inteligente, serena, guapa, no bella, pero con clase. Escribo sobre ella porque ha sido siempre un enigma para mi y porque hoy he recibido uno de sus típicos mensajes y la he recordado con ternura.
Las líneas de su pensamiento crean estructuras mentales que jamás he podido resolver; los esquemas de su mente son muy complicados y encima de ello, junto a los míos, las complicaciones se vuelven infinitas, conversar con ella bajo esas circunstancias, aunque era fascinante y enriquecedor, me perturbaba y me agotaba, un cierto dolor se apoderaba de mi y una tristeza por ella me desgarraba el corazón, porque creía que nunca podría ser feliz.
Dije que había algo entre los dos, sí y no, tal vez pueda explicarme; después del amor lloraba con una furia contenida pero densa, profunda; se daba vuelta y en silencio, sollozaba sin quejas, sin sobresaltos, odiaba ese brutal e indigno ritual posesivo -eran sus exactas palabras- y en ese instante creo, me odiaba con toda su alma. Yo, por el contrario, pensaba y actuaba de la más tierna manera, algo sublime pasaba por mi mente cuando estaba con ella y después que su furia amainaba, se lo explicaba de forma natural y sincera. Me escuchaba mirándome a los ojos desde sus profundas esmeraldas, veladas por un absoluto escepticismo. Era y no era una relación.
Siempre prefirió las caricias periféricas, el roce de mis manos sobre su rostro, en sus brazos y aún en sus senos, pero en este último caso enmudecía, cerraba los ojos y permanecía como si su mente estuviera fuera de este mundo, luego tomaba mi mano entre las suyas y me besaba las puntas de los dedos. ¿Sientes?, me preguntaba varias veces y nunca supe qué responder. Pero eso me hizo comprender, tiempo después, que una sensibilidad exacerbada dominaba su cuerpo y su alma, comprendí lo del "brutal e indigno ritual", hay mujeres así, de extremas sensaciones y percepciones.
El mensaje que recibí este día reza así: "creo que al fin te he comprendido, el acto de amor es un acto de ternura, tú sabes cómo explicarlo, llego la próxima semana para que lo intentes de nuevo". La he recordado con profunda alegría, porque sé que ahora puede llegar a ser feliz, quizás no conmigo, pero por lo que fue, he escrito este pequeño recuerdo, en homenaje a nuestros desencuentros y al verdadero amor: tierno, sincero, profundo, total, creo que al fin las formas geométricas de su mente se superpusieron exactamente sobre las mías...como en el amor.
LSR.
martes, 22 de mayo de 2012
San Salvador, 20 de mayo de 2012.
Ahora, no después.
En la vida hay cosas que se nos otorgan sin ser solicitadas; las disfrutamos las más de las veces sin estar conscientes de que son dones, regalos que Dios nos ha dado y nos olvidamos de dar gracias por ellos; algunas otras cosas las despreciamos, no las protegemos de nuestro olvido o las sumergimos en la desidia de nuestras rutinas y sólo las valoramos cuando las hemos perdido. Somos humanos y solemos ser desagradecidos. Pero no debería ser así, precisamente en ese olvido, en esa desidia, está el origen de tantos males, personales y universales.
En el amor es la causa de tantos errores, dicen que la felicidad es como un tren que viaja de noche y debemos tomarlo en el momento y la estación precisos. A veces ni siquiera vemos el tren, y cuando lo vemos ya sus luces se desvanecen en la negrura de la noche, de
La primera vez no vi el tren, me subí en él, años después, cuando por un acto de magia insuperable, pasó de nuevo frente a mí una noche de lluvia y tristezas, y por una de esas fintas del destino, que sólo Dios permite de vez en cuando, pude sentarme de nuevo a lado de mi felicidad. Ya en este largo ocaso de mi vida, hermoso como ocaso marino, brillante, luminoso, colorido, lleno de esperanzas, sentí tus manos y las alas de la felicidad apoyadas sobre mis hombros ahora que estoy vivo, qué bien, porque quizás mañana sería tarde y no quiero que me llores sino que me hables mientras puedo escuchar, que sonrías conmigo viendo el cielo azul y nuestro verde, maravilloso volcán, que me mires mientras puedo contemplar tus ojos, en los que me pierdo en la armonía y en la paz. Ahora es cuando necesito oírte decir que me amas, que caiga sobre mi mano una gota de la flor que cortaste bajo lluvia y no que pongas una flor sobre mi tumba.
Porque a veces, sin sentirlo, vamos atrasando los proyectos de nuestra vida, sobre todo los proyectos que involucran nuestros sentimientos, retrasamos decir que amamos, que necesitamos de alguien, que seríamos felices con esa persona tan especial, tan necesaria en nuestra vida. Lo cierto es que dejamos escapar las oportunidades de decir lo que piensa nuestra mente, lo que siente nuestro corazón, como si la existencia fuera eterna y tuviéramos el tiempo del Universo para declarar nuestro amor o compartir una caricia.
No me busques en la otra vida porque no me encontrarás, búscame en esta, quiero sentir que me llamas porque me necesitas, que me tocas la frente para saber si tengo fiebre, que me digas después que tus manos han acariciado mi cara, que no me he rasurado; quiero sentir tu aliento cada día, saber que vives a mi lado, saber que ríes con mis cosas, que te alegras de mi buena salud; quiero que me llames para decirme que me amas, que necesitabas oír mi voz y yo, en donde me encuentre, pensaré en tu sonrisa y en la luz de tus ojos, en tus suaves cabellos y te diré que también te amo, quiero que todo lo hagas hoy, no después, porque mañana… puede ser que sea tarde.
LSR
Ahora, no después.
En la vida hay cosas que se nos otorgan sin ser solicitadas; las disfrutamos las más de las veces sin estar conscientes de que son dones, regalos que Dios nos ha dado y nos olvidamos de dar gracias por ellos; algunas otras cosas las despreciamos, no las protegemos de nuestro olvido o las sumergimos en la desidia de nuestras rutinas y sólo las valoramos cuando las hemos perdido. Somos humanos y solemos ser desagradecidos. Pero no debería ser así, precisamente en ese olvido, en esa desidia, está el origen de tantos males, personales y universales.
En el amor es la causa de tantos errores, dicen que la felicidad es como un tren que viaja de noche y debemos tomarlo en el momento y la estación precisos. A veces ni siquiera vemos el tren, y cuando lo vemos ya sus luces se desvanecen en la negrura de la noche, de
La primera vez no vi el tren, me subí en él, años después, cuando por un acto de magia insuperable, pasó de nuevo frente a mí una noche de lluvia y tristezas, y por una de esas fintas del destino, que sólo Dios permite de vez en cuando, pude sentarme de nuevo a lado de mi felicidad. Ya en este largo ocaso de mi vida, hermoso como ocaso marino, brillante, luminoso, colorido, lleno de esperanzas, sentí tus manos y las alas de la felicidad apoyadas sobre mis hombros ahora que estoy vivo, qué bien, porque quizás mañana sería tarde y no quiero que me llores sino que me hables mientras puedo escuchar, que sonrías conmigo viendo el cielo azul y nuestro verde, maravilloso volcán, que me mires mientras puedo contemplar tus ojos, en los que me pierdo en la armonía y en la paz. Ahora es cuando necesito oírte decir que me amas, que caiga sobre mi mano una gota de la flor que cortaste bajo lluvia y no que pongas una flor sobre mi tumba.
Porque a veces, sin sentirlo, vamos atrasando los proyectos de nuestra vida, sobre todo los proyectos que involucran nuestros sentimientos, retrasamos decir que amamos, que necesitamos de alguien, que seríamos felices con esa persona tan especial, tan necesaria en nuestra vida. Lo cierto es que dejamos escapar las oportunidades de decir lo que piensa nuestra mente, lo que siente nuestro corazón, como si la existencia fuera eterna y tuviéramos el tiempo del Universo para declarar nuestro amor o compartir una caricia.
No me busques en la otra vida porque no me encontrarás, búscame en esta, quiero sentir que me llamas porque me necesitas, que me tocas la frente para saber si tengo fiebre, que me digas después que tus manos han acariciado mi cara, que no me he rasurado; quiero sentir tu aliento cada día, saber que vives a mi lado, saber que ríes con mis cosas, que te alegras de mi buena salud; quiero que me llames para decirme que me amas, que necesitabas oír mi voz y yo, en donde me encuentre, pensaré en tu sonrisa y en la luz de tus ojos, en tus suaves cabellos y te diré que también te amo, quiero que todo lo hagas hoy, no después, porque mañana… puede ser que sea tarde.
LSR
lunes, 14 de mayo de 2012
San Salvador, 5 de mayo de 2012.
Los amores tardíos.
¡Quién pudiera evocar sólo las etapas hermosas de la existencia!, exclamó Manfredo, quisiera al menos, tener un acceso selectivo a la memoria de mi vida, recordar las viejas canciones que cantaba acompañado de mi guitarra sostenida por una banda de tela chapina, en las noches en que flotando sobre la arena de la playa del Obispo, cortejaba mis primeros amores, como Laura, que me encontré años más tarde, reflejada en aquel soneto que retrataba mi pasión juvenil, eterna como todas las de abajo de los veinte años, y de la que pensaba sería incapaz de vivir sin ella, sin embargo los años, las lunas e infinitos oleajes del mar que todo lo borran, que todo pulverizan, me demostraron que todo pasa, que todo se olvida. Al final la olvidé claro, y con facilidad, porque después vinieron, las Beatrice y las Isoldas, las Ginebras, amores puros y no tanto que se me confunden en los recuerdos, a esa edad en que uno puede casarse con quien quiera, es el momento propicio, pero no lo hice.
Sin embargo ahora amigos, en el otoño o invierno de mi vida, creo comprender que conforme los años pasan, en el amor, la ciencia más difícil es la de olvidar. Quizás por que visualizamos ya el final y siempre creemos que ese, precisamente ese, es el último puerto de amor. Por ello mis queridos contertulios, debo prevenirles que los de la edad madura, son, si no, los más apasionados, los que nos aprisionan de manera más doliente y por eso, hoy que leía el viejo poema de Petrarca a Laura, sentí que a pesar de mi larga experiencia, aunque creo que el amor no la promueve, sentí que el poeta había pasado ya por ese río oscuro y tumultuoso:
"Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
ni me retiene ni me suelta el lazo
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo."
Manfredo levantó su vodka y como pensando en su pasado y su presente dijo: hay mujeres amigos que ni quieren entrar en nuestras vidas, ni quieren estar fuera de ella, y lo peor es que se instalan en las puertas de nuestro corazón y ni dejan entrar ni salir a nadie, se levantó súbitamente y ceremonioso brindó:
Brindo por las que amamos y nos dejan, por las que nos aman y dejamos, brindo por las que dejan nuestro corazón solitario pero listo de nuevo para el amor, para el amor definitivo.
Nos volvimos a ver en silencio y casi al unísono gritamos
¡Estás enamorado Manfredo!
El sonrió misteriosamente y levantando de nuevo su vodka, se quitó su sombrero negro y colocándolo sobre la mesa y señalándolo añadió, juro por ese sombrero que me ha acompañado toda la vida, que es la mujer de mi vida, sí amigos, la he encontrado.
¿Te casarás al fin? Preguntamos a una sola voz.
Dije que son los más apasionados, no dije que nos volvieran estúpidos…ni a nosotros, ni a ellas.
LSR
Los amores tardíos.
¡Quién pudiera evocar sólo las etapas hermosas de la existencia!, exclamó Manfredo, quisiera al menos, tener un acceso selectivo a la memoria de mi vida, recordar las viejas canciones que cantaba acompañado de mi guitarra sostenida por una banda de tela chapina, en las noches en que flotando sobre la arena de la playa del Obispo, cortejaba mis primeros amores, como Laura, que me encontré años más tarde, reflejada en aquel soneto que retrataba mi pasión juvenil, eterna como todas las de abajo de los veinte años, y de la que pensaba sería incapaz de vivir sin ella, sin embargo los años, las lunas e infinitos oleajes del mar que todo lo borran, que todo pulverizan, me demostraron que todo pasa, que todo se olvida. Al final la olvidé claro, y con facilidad, porque después vinieron, las Beatrice y las Isoldas, las Ginebras, amores puros y no tanto que se me confunden en los recuerdos, a esa edad en que uno puede casarse con quien quiera, es el momento propicio, pero no lo hice.
Sin embargo ahora amigos, en el otoño o invierno de mi vida, creo comprender que conforme los años pasan, en el amor, la ciencia más difícil es la de olvidar. Quizás por que visualizamos ya el final y siempre creemos que ese, precisamente ese, es el último puerto de amor. Por ello mis queridos contertulios, debo prevenirles que los de la edad madura, son, si no, los más apasionados, los que nos aprisionan de manera más doliente y por eso, hoy que leía el viejo poema de Petrarca a Laura, sentí que a pesar de mi larga experiencia, aunque creo que el amor no la promueve, sentí que el poeta había pasado ya por ese río oscuro y tumultuoso:
"Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
ni me retiene ni me suelta el lazo
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo."
Manfredo levantó su vodka y como pensando en su pasado y su presente dijo: hay mujeres amigos que ni quieren entrar en nuestras vidas, ni quieren estar fuera de ella, y lo peor es que se instalan en las puertas de nuestro corazón y ni dejan entrar ni salir a nadie, se levantó súbitamente y ceremonioso brindó:
Brindo por las que amamos y nos dejan, por las que nos aman y dejamos, brindo por las que dejan nuestro corazón solitario pero listo de nuevo para el amor, para el amor definitivo.
Nos volvimos a ver en silencio y casi al unísono gritamos
¡Estás enamorado Manfredo!
El sonrió misteriosamente y levantando de nuevo su vodka, se quitó su sombrero negro y colocándolo sobre la mesa y señalándolo añadió, juro por ese sombrero que me ha acompañado toda la vida, que es la mujer de mi vida, sí amigos, la he encontrado.
¿Te casarás al fin? Preguntamos a una sola voz.
Dije que son los más apasionados, no dije que nos volvieran estúpidos…ni a nosotros, ni a ellas.
LSR
San Salvador, 3 de mayo de 2012.
Siempre a la misma hora.
Las horas contigo son extrañas, a veces largas como las sombras del atardecer, a veces cortas como el brillo de un relámpago. A veces como suaves nubes que se disuelven lentamente en el cielo azul de mi conciencia, como la lluvia de esta noche se diluye en el verde césped de mi jardín querido. No sé sin son largas o cortas: es simplemente tu hora, que conforma un ritual que mantiene un ritmo en mi corazón y en mi vida la sensación ondulante de la felicidad, porque ésta no es un estado, es una iluminación pasajera que hace la vida digna de vivirse, para disfrutar de vez en cuando, esa sensación de atisbar el paraíso, en donde todo se resuelve, en donde todo se explica. Sí, esa eres tú.
Así es nuestra hora, siempre puntual como la salida del sol, siempre luminosa como las mañanas de verano. Hablamos de cosas quizás intrascendentes, no importa, nos escuchamos, eso es lo importante. El placer está en saber que disfrutamos nuestro mundo de aristas únicas, un mundo cuyas avenidas y plazas, callejuelas y pasadizos conocemos a la perfección. Un mundo que se expande desde los días de nuestra infancia situada a kilómetros y años de distancia, hasta el día en que las espirales del tiempo nos pusieron frente a frente y forjamos un mundo de fantasías y realidades que un día, en la encrucijada fatal de nuestras vidas, superó nuestra propia realidad. El imprevisible viaje de nuestras vidas, de matices y circunstancias sorprendentes.
Sobrevivió sólo esta hora, tensa en sus inicios, nerviosa, de escrutinios discretos y de suaves y acariciadores descubrimientos. Fueron al principio, horas de ansiedad y de prudencia, tratando de averiguar en los mínimos gestos, qué tanto de aquellas fantasías y realidades destrozadas habían sobrevivido; aún no sé que cosas olvidaste y que guardaste en el fondo de tu corazón, quizás esa es la magia de nuestra hora, algo sobrevivió en los dos, pero mantenemos en secreto los más íntimos sentimientos y seguimos mostrando hasta donde tus circunstancias y las mías nos permiten, el paisaje externo de nuestra extraña relación.
Debo confesarte que ahora entiendo a cabalidad lo de los ciclos de la vida; siempre me has escuchado decir que todas las épocas de la vida tienen su encanto, tú eres el encanto de esta época, en ti descansa el fulcro de mi interna armonía, eres el eje de mi extraño mundo en el que al lado de tormentas y borrascas, encuentro remansos de paz y serenidad. Eres el episodio interminable de la gran aventura de mi vida.
Todo eso parece suceder en una hora todos los días, a la misma hora, digo parece porque no sé si es una hora o es un tiempo inacabable, que dura ya años, pero para que me entiendas le llamo hora, debe ser de esas de la Creación, al menos de la Creación de la paz en mi espíritu, en donde somos dueños de nuestros destinos que viajan separados por una línea que tiene el espesor de un cabello. De uno de los tuyos, por supuesto.
LSR.
Siempre a la misma hora.
Las horas contigo son extrañas, a veces largas como las sombras del atardecer, a veces cortas como el brillo de un relámpago. A veces como suaves nubes que se disuelven lentamente en el cielo azul de mi conciencia, como la lluvia de esta noche se diluye en el verde césped de mi jardín querido. No sé sin son largas o cortas: es simplemente tu hora, que conforma un ritual que mantiene un ritmo en mi corazón y en mi vida la sensación ondulante de la felicidad, porque ésta no es un estado, es una iluminación pasajera que hace la vida digna de vivirse, para disfrutar de vez en cuando, esa sensación de atisbar el paraíso, en donde todo se resuelve, en donde todo se explica. Sí, esa eres tú.
Así es nuestra hora, siempre puntual como la salida del sol, siempre luminosa como las mañanas de verano. Hablamos de cosas quizás intrascendentes, no importa, nos escuchamos, eso es lo importante. El placer está en saber que disfrutamos nuestro mundo de aristas únicas, un mundo cuyas avenidas y plazas, callejuelas y pasadizos conocemos a la perfección. Un mundo que se expande desde los días de nuestra infancia situada a kilómetros y años de distancia, hasta el día en que las espirales del tiempo nos pusieron frente a frente y forjamos un mundo de fantasías y realidades que un día, en la encrucijada fatal de nuestras vidas, superó nuestra propia realidad. El imprevisible viaje de nuestras vidas, de matices y circunstancias sorprendentes.
Sobrevivió sólo esta hora, tensa en sus inicios, nerviosa, de escrutinios discretos y de suaves y acariciadores descubrimientos. Fueron al principio, horas de ansiedad y de prudencia, tratando de averiguar en los mínimos gestos, qué tanto de aquellas fantasías y realidades destrozadas habían sobrevivido; aún no sé que cosas olvidaste y que guardaste en el fondo de tu corazón, quizás esa es la magia de nuestra hora, algo sobrevivió en los dos, pero mantenemos en secreto los más íntimos sentimientos y seguimos mostrando hasta donde tus circunstancias y las mías nos permiten, el paisaje externo de nuestra extraña relación.
Debo confesarte que ahora entiendo a cabalidad lo de los ciclos de la vida; siempre me has escuchado decir que todas las épocas de la vida tienen su encanto, tú eres el encanto de esta época, en ti descansa el fulcro de mi interna armonía, eres el eje de mi extraño mundo en el que al lado de tormentas y borrascas, encuentro remansos de paz y serenidad. Eres el episodio interminable de la gran aventura de mi vida.
Todo eso parece suceder en una hora todos los días, a la misma hora, digo parece porque no sé si es una hora o es un tiempo inacabable, que dura ya años, pero para que me entiendas le llamo hora, debe ser de esas de la Creación, al menos de la Creación de la paz en mi espíritu, en donde somos dueños de nuestros destinos que viajan separados por una línea que tiene el espesor de un cabello. De uno de los tuyos, por supuesto.
LSR.
San Salvador, 12 de mayo de 2012.
Los verdaderos códigos.
Ayer se cumplieron cincuenta años de la desaparición de Renato Stradivarius, hace ocho lo volví a encontrar en Sicilia, como les conté hace algún tiempo, y este 2012 debo verlo en Estanbul; debo decirles, como lo expresé con asombro, cuando sorpresivamente lo encontré en la puerta de una sastrería de lujo en Palermo, que cuando lo conocí hace cincuenta años en su casa de San Jacinto, el tenía unos treinta y yo dieciocho, ahora yo soy un viejo y él, tan joven y lozano, como en aquellos tiempos. Luego de las preguntas sobre cómo estaba sucediendo esa situación tan fuera de la normalidad y sus respuestas increíbles, le pregunté sobre mi futuro, me dijo que yo aún tenía cosas que hacer, "cumplir" fue su palabra exacta, le creí con toda la fe de un hombre de edad aferrado a la vida y, cuando me enfermé de cáncer hace un par de años, pensé que se había equivocado, pero a los pocos días recibí de él la siguiente frase, "sólo Dios sabe cuando hemos de morir", le creí firmemente, dejé de creerle a los médicos, me encomendé a Dios y aquí estoy.
Voy a verlo estoy seguro aunque no tengo su dirección; en Sicilia ni siquiera sabía que iba a encontrarlo, ni nada cómo ubicarlo en esa exótica y bella ciudad turca, pero estoy seguro que el me encontrará. Cómo hace esas cosas de saber qué sucede en cualquier parte y cómo comunicarse con quien quiere, es uno de sus múltiples misterios, pero lo hace, de un manera que parece natural aunque debo decirlo, de una forma que causa escalofríos.
Qué Código da Vinci ni que ocho cuartos, Renato sí conoce un código secreto, no sé si el de la eternidad o el de la eterna juventud, que es casi lo mismo, aunque hay diferencias y no sé si siempre está aquí o en el futuro o en el pasado, sabe tantas cosas...
El caso es que vive una vida muy discreta, bajo perfil, creo por ello que sí es alguien importante en la cofradía, -no me gusta el nombre pero no dispongo de otro mejor-, por las características de la misma, que controla este mundo induciendo mínimos desvíos de algún ciudadano cualquiera, o en alguna organización internacional, pero debo decir, que según las palabras de Stradivarius, todos formamos parte del engranaje universal que mueve la historia y sobre todo las civilizaciones, nadie es superfluo, nadie es insignificante.
En estos años de crisis he visto caer tantos líderes que no me cabe duda que “ellos” están muy activos y no dudo que otros caerán, porque trabajan para ordenar el Universo, y en estos momentos, al menos en este mundo, lo que menos existe es orden.
No se necesita guerrear Luis, me dijo en una ocasión, ni disparar cohetes con cabezas nucleares; una idea, Buda, Jesús, Gandhi son ejemplos, nos muestran como se puede cambiar, para bien, una buena parte de la humanidad, que sus mensajes han sido prostituidos, es otra cosa. Por ello personas, no sé si pueda aplicar ese nombre tan simple a caballeros como Renato Stradivarius, mueven sutiles piezas en el gran tablero del ajedrez universal, yo soy una pequeña pieza y no sé que juego juego en el oscuro universo de este desgarrado país.
LSR
Los verdaderos códigos.
Ayer se cumplieron cincuenta años de la desaparición de Renato Stradivarius, hace ocho lo volví a encontrar en Sicilia, como les conté hace algún tiempo, y este 2012 debo verlo en Estanbul; debo decirles, como lo expresé con asombro, cuando sorpresivamente lo encontré en la puerta de una sastrería de lujo en Palermo, que cuando lo conocí hace cincuenta años en su casa de San Jacinto, el tenía unos treinta y yo dieciocho, ahora yo soy un viejo y él, tan joven y lozano, como en aquellos tiempos. Luego de las preguntas sobre cómo estaba sucediendo esa situación tan fuera de la normalidad y sus respuestas increíbles, le pregunté sobre mi futuro, me dijo que yo aún tenía cosas que hacer, "cumplir" fue su palabra exacta, le creí con toda la fe de un hombre de edad aferrado a la vida y, cuando me enfermé de cáncer hace un par de años, pensé que se había equivocado, pero a los pocos días recibí de él la siguiente frase, "sólo Dios sabe cuando hemos de morir", le creí firmemente, dejé de creerle a los médicos, me encomendé a Dios y aquí estoy.
Voy a verlo estoy seguro aunque no tengo su dirección; en Sicilia ni siquiera sabía que iba a encontrarlo, ni nada cómo ubicarlo en esa exótica y bella ciudad turca, pero estoy seguro que el me encontrará. Cómo hace esas cosas de saber qué sucede en cualquier parte y cómo comunicarse con quien quiere, es uno de sus múltiples misterios, pero lo hace, de un manera que parece natural aunque debo decirlo, de una forma que causa escalofríos.
Qué Código da Vinci ni que ocho cuartos, Renato sí conoce un código secreto, no sé si el de la eternidad o el de la eterna juventud, que es casi lo mismo, aunque hay diferencias y no sé si siempre está aquí o en el futuro o en el pasado, sabe tantas cosas...
El caso es que vive una vida muy discreta, bajo perfil, creo por ello que sí es alguien importante en la cofradía, -no me gusta el nombre pero no dispongo de otro mejor-, por las características de la misma, que controla este mundo induciendo mínimos desvíos de algún ciudadano cualquiera, o en alguna organización internacional, pero debo decir, que según las palabras de Stradivarius, todos formamos parte del engranaje universal que mueve la historia y sobre todo las civilizaciones, nadie es superfluo, nadie es insignificante.
En estos años de crisis he visto caer tantos líderes que no me cabe duda que “ellos” están muy activos y no dudo que otros caerán, porque trabajan para ordenar el Universo, y en estos momentos, al menos en este mundo, lo que menos existe es orden.
No se necesita guerrear Luis, me dijo en una ocasión, ni disparar cohetes con cabezas nucleares; una idea, Buda, Jesús, Gandhi son ejemplos, nos muestran como se puede cambiar, para bien, una buena parte de la humanidad, que sus mensajes han sido prostituidos, es otra cosa. Por ello personas, no sé si pueda aplicar ese nombre tan simple a caballeros como Renato Stradivarius, mueven sutiles piezas en el gran tablero del ajedrez universal, yo soy una pequeña pieza y no sé que juego juego en el oscuro universo de este desgarrado país.
LSR
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