sábado, 20 de diciembre de 2014

San Salvador, 20 de diciembre de 2014.

Queridos amigos.

2014 no ha sido mi mejor año, tampoco el más malo, Dios ha estado conmigo. Diría que me he purificado, sin encontrar la pureza, definitivamente soy humano y por tanto imperfecto.

Pero he estado atento, en espíritu, en conocimiento de todo tipo, me he educado interiormente como ningún año en la vida. He descubierto grandes verdades y enormes mentiras. Esto ha producido en mi un hastío, un enojo, un enfado casi galáctico; el actual gran espectáculo que es este mundo lo veo como algo verdaderamente detestable, no sé que va a pasar, una ceguera irritante y voluntaria, criminalmente voluntaria, quiere dejar de ver la maldad que se esparce sobre la tierra como peste irrefrenable.

Todo es permitido, todo es válido, una vulgarización y banalización de las costumbres más absurdas y ofensivas, está convirtiendo la sociedad en un aquelarre de brujos que todo lo perturban, muestran el lado oscuro del alma, de la más descarnada y grosera manera. Es que ya no se respeta nada. Todo perece bajo el sucio martillo de la vulgaridad y del irrespeto.

El crimen no es más que una estadística, si ayer fueron veinte asesinatos y hoy diecinueve, todo está mejorando, y nadie se preocupa ya por ello !absurdo! Las guerras y la intolerancia, sobre todo intelectual y religiosa, campean en el mundo de forma aflictiva. La corrupción galopante en todos los ámbitos, pero especialmente en la política, parece sumergirnos en la barbarie del más fuerte, del más abusivo, del más cínico, del más sinvergüenza.

Se presentan las aberraciones más abyectas como normalidades que deben ser aceptadas, bajo la amenaza de ser descriminador, como si oponerse al mal ya no fuera válido. Se publica cualquier vulgaridad, cualquier insulto con disfraz de gracia, de algo desafiante y de mucho valor, cuando en realidad sólo son muestras de la más baja vulgaridad, falta de respeto y grosería ofensiva.

Realmente el mundo está desbocado y corre hacia un despeñadero de no sé que profundidad, que amenaza echar por la borda siglos de civilización para volver al caos, a las estepas africanas primigenias, cuando recién adquiríamos la consciencia de humanos, tiempos aún salvajes.

Queridos amigos, sería muy fácil desearles una Feliz Navidad. Pero no sería honesto conmigo mismo si no gritara estas verdades que me abaten y me preocupan seriamente. Creo que todos podemos hacer algo en contra de lo anterior. No sólo vivir, sino de ejemplificar con nuestras vidas lo que quisiéramos para nuestros hijos y descendencia. Si una gota de sensatez aportamos a nuestro mundo, produciremos una lluvia que puede vivificar nuestras esperanzas de un mundo mejor. Miles de gotas hacen una lluvia y millones un océano. Yo les invito a que llenemos ese océano. Lo llenemos de bondad y amor, honradez y responsabilidad. Las multitudes empiezan con una persona, seamos todos esa primera persona y creemos una infinita multitud para salvar este mundo del caos y la maldad. Y ahora sí...!Feliz Navidad! Bendiciones y un maravilloso 2015. Es mi deseo sincero profundo para aquellos de quienes disfruto el maravilloso regalo de su amistad.

sábado, 22 de noviembre de 2014

San Salvador, 21 de noviembre de 2014.

Canto a los héroes salvadoreños.

No sé si la palabra correcta sea añoranza, recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido, según el Drae o nostalgia, pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos o tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Aunque muy cercanas ambas palabras las definiciones tienen diferencias muy sutiles y la traducción directa del griego de la última nos da un detalle más preciso para lo que quiero expresar: nostos, regreso, algos, dolor; en alemán, el significado es mas directo Heimweh, dolor por el hogar.

Me decanto por ello por nostalgia, porque pienso y lo he vivido en carne propia, el dolor por el hogar, al que se añade la añoranza, la ausencia de los que amamos, la lejanía de aquellos que están cerca de nuestro corazón. He estado pensando en los hermanos lejanos. Héroes ignorados de nuestra sociedad, sobre todo en su papel de héroes. No sé, ni quiero pensarlo, qué sería de este país sin esos millones de emigrantes que con su trabajo, esfuerzo, nostalgias y añoranzas, envían esos miles de millones de dólares para que este país no perezca. Así de claro, así de sencillo. Héroes. Este país viviendo siempre de los pobres. Ya es hora que reconozcamos, agradecidamente, esa heroicidad. Que hay malos entre ellos, siempre hay malos en cualquier circunstancia, pero los números nos demuestran que en ellos, el bien triunfa, los éxitos de miles de nuestros conciudadanos demuestran que el que quiere puede y sin necesidad de robar, asesinar o extorsionar. Y son los más.

Pero todo este universo complejo y alucinante, lleno de luces y oscuridades encierra una tragedia. Conozco el interior de esa tragedia, porque como dice Pessoa en algún poema que ignoro cuándo ni dónde lo leí, "el lugar al que se vuelve no es el mismo, las personas a las encontramos no son las mismas". No sé si la cita es exacta, pero esa era la idea. Esa es la idea. La misma de Heráclito pero hecha poema. Las tragedias abundan, familias destrozadas, esa es la correcta expresión, amores que el tiempo y la distancia agotan y desaparecen, hijos que se descarrían, algunos en las oscuras corrientes del mal, otros mueren en el intento y entran a formar parte de los miles de desaparecidos, de abandonados en las selvas, en los desiertos, en las manos de la mafias de contrabandistas, de traficantes de personas. Para algunos el sueño americano ni siquiera empieza. Cortas esperanzas que mueren en el inicio.

Nos alejamos y el tiempo pasa, pasa aquí, pasa allá, donde quiera que ese allá quede. La vida fluye con y sin nosotros. Cambiamos y todo se transforma en nuestro interior, algunos son fuertes, auténticos conservan sus lazos nítidos, siempre en contacto con los que aman, hoy es tan fácil, los medios son tan variados y asequibles, esos son los héroes, los que ven el futuro con optimismo al lado de los suyos y se esfuerzan porque ese futuro sea real. Piensan en ellos, en cada esfuerzo que hacen, sueñan con ellos en cada descanso, ansían tenerlos a su lado, son los hombre de voz dura, de los que hablaba Lorca. Los que buscan su sueño con furia .

Estos días de fin de año, es la época de la nostalgia, de la añoranzas, cuando miles de estos héroes anónimos pero no desconocidos, son salvadoreños, hermanos, llegan en nubes, como los azacuanes, a buscar el olor, el sabor de la tierra, las tradiciones navideñas, los sabores añorados en compañías de viejas arrugadas, que concentran en sus arrugas todo el amor de madres; las posadas, los amores abandonados, los hijos con los que sueñan díá y noche, por quienes sufren privaciones, fríos extremos y por qué no decirlo, vejaciones, pero ese carácter de acero de nuestro pueblo, los hace insistir hasta el final, hasta el triunfo y en su triunfo ganamos todos. Benditos sean.





jueves, 20 de noviembre de 2014

San Salvador, 18 de noviembre de 2014

Días de paz, días de amor.

Hay días en que uno se siente bendecido por la sabiduría de las cortes celestiales, los cielos claros del verano, la proximidad de la Navidad; esa época que ha dejado de ser religiosa, convertida en un huracán comercial, pero que de alguna forma conserva, creo que especial y únicamente en los que fuimos niños cuando su carácter era aún religioso, gratos y suaves recuerdos de increíble intimidad y espiritualidad; es el tiempo que nos descubre la sabiduría infinita de los más puros espíritus, de los cielos poblados de deidades, ángeles, arcángeles y potestades, que en un coro infinito, sutil y de celestiales melodías cantan la gloria de Dios. Ni idea que tan cierto pueda ser esto, pero su representación, la que vive en las zonas reservadas de mi infancia, es de un colorido y fantasía tales que vuelvo a la inocencia y me consuelo en su pureza y alegrías sencillas pero profundamente sentidas. Su simple recuerdo es un oasis de paz en mi alma, un retorno al Paraíso perdido, al lugar de leche y miel.

En esta época hermosa, el Universo parece ser mås pequeño por causa de alguna magia oculta en los meses finales del año y en su principio. Época que trae con los fríos vientos del norte, canciones de susurros, que deben escucharse en los espacios infinitos de los Paraísos celestiales, y este mundo de prosaicas realidades, que parecen juntarse levemente, tangencialmente, en esos días suaves, esparciendo en el aire aromas de manzanas, uvas y de musgos de árboles añosos y poblados de luces multicolores que reproducen el arco iris en la íntima noche de la Natividad, llena de sutiles sentimientos y suaves recuerdos que conservamos durante toda la vida.

Esas fechas son días de ojos y oídos más abiertos, como personajes de mosaicos bizantinos, como si estuviéramos atentos no a las personas, sino a los latidos de su corazón, al brillo de sus ojos, al resplandor de sus sonrisas. Regalas y recibes alegrías, no necesitas regalar cosas materiales, no, regalas abrazos, besos en mejillas heladas, compartes tu alma y sientes entonces que la humanidad es una sola. Esto me causa perplejidad, me lleva a pensar que lo que nos diferencia de otras especies es esa sensibilidad especial que poseemos, para tomarle el pulso a la vida, para comprender que no sólo de pan vive el hombre, sino también del aire hermoso de los días de fin de año, del amor por y hacia los demás, de las alegrías compartidas, que vivimos y somos realmente humanos cuando destilamos las esencias más puras de nuestra parte espiritual, inasible, pero tan real que es la que nos proporciona las más inefables experiencias de nuestra existencia.

Por supuesto, nadie está exento de tristezas o preocupaciones, pero esa atmósfera leve, perfumada y multicolor, rebaja el nivel de las mismas y los dolores son mås soportables, porque el espíritu se renueva, rejuvenece y volvemos a repensar nuestros años dorados, no porque lo sean en realidad, nosotros estamos en nuestra edad dorada, como todos los que tienen la magnífica, luminosa, vibrante edad de quince años.

Este día, contemplando el árbol que Sonia adorna cada año y que Matilda observa con asombro y nerviosa alegría, recuerdo los que mamá decoraba, con sus bolas frágiles de finas láminas de vidrio, de velas que burbujeaban sin cesar y el nacimiento de viejas de cabeza de algodón y molenderas que en diminutas piedras de moler trabajaban para toda la eternidad, el maíz de nuestra alimentación ancestral. Y pienso lo rápido del paso del tiempo y recuerdo aquel extraño verso de Prudencio: “inrepsit subito canities seni.” con qué rapidez subieron las canas a mis sienes. Me parece que fue hace un parpadeo, cuando me tiraba sobre el brillante piso de la sala de mi casa, a observar desde la perspectiva correcta, a ras del suelo, el diminuto mundo de fantasía. Recuerdo, pienso y me abandono a la paz y la armonía.

miércoles, 5 de noviembre de 2014



Homenaje a John Keats.
A Sonia.

Hay cosas absurdas. Por ejemplo, a los veinticinco años era una ridícula idea, aquella de que no me iba a enamorar jamás de nuevo. Después con los años descubrí que amar es importante, pero más, estar enamorado. Descubrí también que era más difícil. Quizás eso es lo que Keats pensaba en ese maravilloso poema " ¡Brillante estrella!, si fuera tan constante". Pienso, y puede ser que esté equivocado, es lo más probable, que es un poema al enamoramiento, no al amor, hay una sutil diferencia, tan fina y transparente que confunde, pero los años nos ayudan a distinguir con mejor certeza las infinitesimales aristas de la existencia, la compleja geometría de las relaciones amorosas. El milagro es que un poeta como Keats lo sepa a los veintitantos años, murió a los veinticinco, eso es cosa de genios y no se puede explicar. Pero para los normales seres que poblamos este mundo, entender el profundo significado de estar enamorado es un complejo ejercicio intelectual.

Amar, es inercial, estar enamorado es absolutamente dinámico, creativo y perpetuo, lo inercial se agota, lo dinámico y creativo se reconstruye, se modifica, se airea continuamente y mantiene la suave levedad de una relación amorosa, crea nuevas estructuras de entendimiento, afianza la relación en sus más profundas raíces. Keats lo piensa así, "despierto por siempre en un dulce insosiego", despierto, atento, primera condición; insosiego, movimiento continuo, segunda condición. Esa es la clave, no podemos estacionarnos en ninguna época, ni vivir de recuerdos, hay que volver cada día de la vida irrepetible, inventarse cada día, estar en un insosiego que crea circunstancias nuevas, en donde como las flores, nuestro amor se expande, se enriquece y se adapta a los cambiantes ritmos de nuestra existencia.

De ahí proviene el equilibrio: la vida y la evolución del amor propiciada por el enamoramiento. Y allí está también la desorientación; como sucede en la vida, el amor es intangible, no se basa en lo que acumulamos materialmente, sino en lo que nos expandimos espiritualmente, hay que estar conscientes que cada época de la vida tiene su encanto, para descubrirlo por supuesto, hay que abrir los ojos del alma. Que estas cosas ya no funcionan, bueno, hay que ver lo que sucede en el mundo para darse fácilmente cuenta que lo actual funciona menos, mucho menos.

Una condición es indispensable para este equilibrio, sintonía. No es impulso masculino ni femenino, es una fuerza compartida, un destello que ilumina a dos personas, que ayuda a perpetuar la belleza del inicio, del primer encuentro. El mismo Keats lo expresa magistralmente en el primer verso de su Endimión, "Una cosa bella es un goce eterno" y no hablo de la belleza física de Endimión que fue incorruptible, pero perdida en un sueño, me refiero a la belleza invisible, pero sentida, viva y despierta, interna y profunda, de aquel universo gemelo del nuestro que viaja con nosotros, entre luces y oscuridades, hacia un mismo destino, un destino compartido, deseado, querido, que con los años se convierte en fortaleza y alivio mutuo y que en un proceso de alquimia singular se convierte en uno solo y somos entonces una sola alma, un solo corazón. Estoy seguro que ese es el reino prometido, el regreso al Paraíso perdido.

Ese es el lugar al que Keats cantó en esa maravillosa estrofa, "No muere la poesía de la tierra jamás". El lugar donde moran los enamorados, en donde ni los años cuentan, ni la muerte separa.

Estar enamorado es construir el amor cada día, y eso es encontrar el lado sublime de la vida. El verdadero sentido de la vida. Keats lo encontró en el principio y fin de su efímera existencia. Es nuestro perpetuo anhelo, mi anhelo constante.

LSR

San Salvador 2 de noviembre de 2014.

Oda al verano

Dos días después de la última lluvia, todo cambió por completo, el cielo se mostró azul, brillante, nubes largas como retazos de finas sedas viajaban alegres con el viento que tenaz, moviendo también las ramas de los árboles, creaba la danza eterna del movimiento perpetuo de la incansable naturaleza. Había llegado el verano. Un olor delicioso flotaba en el ambiente, no era algo conocido, era un aroma no identificable, algo sobrenatural, alegre, dulce, como mañana en el campo impregnada de aromas de flores silvestres, brisas perfumadas y humos de maderas desconocidas.

La división entre el invierno y el verano no sólo es climática sino espiritual. Nos traslada a tiempos idos, el cuerpo y el alma se vuelven más livianos, el aire es más tenue, los pensamientos más alegres y positivos, el viento fresco del norte acaricia el espíritu y se lleva los pesares y los desencantos. Pareciera que el aire del verano calma el dolor y pinta de colores más brillantes nuestra exuberante naturaleza, nuestra imaginación y fantasías.

Ayer en el mar, vi los primeros celajes del verano, hacia el oriente sobre el imponente volcán de San Miguel, fiera dormida, que hoy respira con furia contenida, rosadas nubes, como aquellas de las auroras homéricas, alegraban el cielo que se preparaba a dormir en el oscuro lecho alumbrado por miles de relucientes estrellas. Recordé emocionado los versos puros de la Oda al otoño, del exquisito poeta Keats:

«Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,»

Y reflexioné como el mundo repite su belleza en todo momento y en todo lugar, en la rubia Albión de Keats o en la furia tropical de Alfredo Espino, en las frías comarcas del norte o en esta cálida tierra de lagos y volcanes, de verdes, perfumados cafetales y plateados cañaverales. De gentes con corazón, que luchan día a día por su futuro. Hoy en la mañana vi la primera piscucha, blanca, casi transparente que «colazeaba» como caballo relinchón, mientras sus flecos vibraban como si estuvieran ateridos de frío, recordé las lunas que papá nos fabricaba de papel de China, con colas de trapos de camisas viejas y varitas de bambú que él mismo trabajaba.

El principio del verano es la puerta de ingreso a una época maravillosa, un tiempo preñado de entrañables recuerdos y de íntima paz espiritual, producto de acontecimientos tan dispares como el día de los difuntos, de todos los santos, de la Navidad y Año Nuevo. Tiempo de recuerdos de infancia, seres queridos que nos dejaron y otros que llegan. Este verano es especial para nuestra familia por la llegada de Matilda, que une sus gritos y sonrisas a nuestra alegria familiar. Cada miembro que se agrega, mis hijos, mis nietas Andrea, Adriana, Matilda, es agregarle años a nuestra eternidad que empieza con ellas y que espero no termine jamás.

En fin, el verano nos anuncia el nuevo año, un ciclo que se cierra y otro que se abre al futuro suavemente, cargado de sorpresas y alegrías, quizás de tristezas, pero siempre lleno de esperanzas, siempre pleno de buenas intenciones de proyectos y anhelos que reflejan el alma indomable de los que amamos este país y deseamos lo mejor para él. La Navidad que se aferra amorosamente en nuestros recuerdos infantiles y su carga de símbolos religiosos y profanos, los nacimientos y árboles, que alumbran las noches frías y suaves de una época que nos envuelve en nubes de algodón de azúcar.

Quizás esos buenos sentimientos de fin de año provengan de los recuerdos de nuestra infancia que llaman insistentemente desde el pasado y volvemos a ser niños transfigurados por la vida pero niños al fin; los que somos padres lo sabemos, nuestros hijos nunca crecen, siempre son los niños que vimos crecer, los que caminaban inseguros por el jardín de la casa, los que curábamos de sus heridas y raspones. Los que amamos incondicionalmente, porque son sangre de nuestra sangre.

jueves, 30 de octubre de 2014

Sueño de la primera noche de verano.

San Salvador, 26 de octubre de 2014.

Sueño de la primera noche de verano.

Me gustaría un país que fuera de nosotros los salvadoreños, no propiedad de los partidos políticos, menos del gobierno. Un El Salvador, que fuera de todos, no de una clase, ya sea esta económica o política. Un El Salvador en donde todos pudiéramos contribuir a su gobierno y no depender de lo que unos pocos mal piensan, sino de lo que todos pensamos. Un país en el cual todos participemos reflexivamente del gobierno y seamos creativos y responsables de lo que sucede dentro de sus fronteras. Un país libre de corrupción, violencia, impunidad e injusticias. Un país en el cual impere la ley. No que ésta se adapte a los intereses partidarios. Un país de gente honrada. De gente trabajadora. De gente responsable que luche por crear un gran país con esfuerzos continuos y sin desmayo. Crear un gran país significa hacer un gran esfuerzo, honrado y responsable. No existen alternativas fáciles, ni indoloras.

Es que esta primera noche de verano la he querido vivir con plenitud, me he quedado despierto hasta altas horas de la noche, no sólo por el estruendo de las ráfagas de viento, sino también y principalmente por las ráfagas de patriotismo que azotan mis pensamientos. Reflexionar sobre El Salvador se ha vuelto un acto de dolorosas resonancias. Ver el presente, imaginar el futuro es un ejercicio intelectual de dolidas sensaciones y sobresaltos. Y las conclusiones, como mencioné en el primer párrafo, hacen arribar a la mente soluciones irritantes, complejas, de difícil ejecución y de largo aliento, capaces de desanimar férreas voluntades y esforzados corazones. Pero hemos tenido fama de luchadores, muchos jóvenes, menores de treinta y cinco años, ignoran por completo que fuimos un país famoso por lo esforzados en el trabajo, luchador, que con esfuerzo y orgullo nacionales, genuinos y auténticos, convertimos este minúsculo espacio geográfico, en ejemplo de Centroamérica y de muchos países de América Latina.

Escribo esto no como reclamo ni queja, sino como una llamada de alerta, de aliento para ver si nuestra juventud actual, trabajadores, comerciantes, empresarios, funcionarios gubernamentales, políticos y la ciudadanía en general, recuperamos ese orgullo perdido, esa valentía de sobreponerse a las dificultades y alcanzamos de nuevo al cima de nuestro potencial humanos que, con justa razón y conocimiento de causa, certifico que es enorme y de calidad, no sólo intelectual, sino humana, que es desde mi punto de vista todavía más importante.

¿Cuál es realmente nuestro problema? Esta pregunta tiene infinidad de componentes, económicos, culturales, políticos, religiosos, sociales. Pero sobre todos ellos destaca uno: la perversión y deterioro de las condiciones humana de la sociedad. Humanas en el más alto sentido del término, somos seres humanos porque pertenecemos a un conglomerado social que debería ser unido, justo, solidario, cooperativo, responsable y sobre todo de amor al prójimo, para Freud, uno de los fundamentos de la vida civilizada. De lo contrario seríamos nada más que otros animales poco evolucionados, carentes de lenguaje y sobre todo, de dominio sobre el pensamiento abstracto que es lo que ha elevado al hombre sobre todas las especies.

Hoy se habla mucho de ciencia y tecnología, para nosotros países pobres es un problema y un reto, las necesitamos a ambas, es poco menos que imposible subsistir sin ellas, pero centramos tantos esfuerzos en las mismas, que olvidamos la parte humana, la parte que estamos obligados a resolver en primera instancia y que menospreciamos creyendo que aquellas son el centro de la vida, el centro del progreso y nos olvidamos que es el ser humano y sus circunstancias el que está en el centro de todas las cosas, que es él el que tenemos que alimentar con valores, virtudes, para que aquellas funcionen a cabalidad y en beneficio de la sociedad en general y no de ciertas clases, económicas la mayor parte de las veces, o políticas que, al menos al día de hoy, han relegado a la población a niveles de apéndice de sus intereses.





miércoles, 1 de octubre de 2014

San Salvador, 14 de septiembre de 2014.

La ternura

Hay sentimientos que parecieran haberse apagado en el universo. Como si la civilización materialista de hoy día se hubiese ahogado en la violencia, las guerras incesantes, la banalización del mal, tan de moda hoy en día, hubiesen convertido el alma humano en zona de desiertos y espinas, de sequías inmensas, de yermos carentes de virtud y de los más nobles sentimientos. Yo he resentido, por sobre otras dolorosas pérdidas, la casi desaparición de la ternura. Ese sentimiento sutil, casi etéreo que se presenta sublime en todos los tipos de amor verdadero, esposa, hijos, hermanos, nietos, es como una suave aura que nos envuelve en el dulce encanto de la práctica del más puro humanismo.

Ternura, viene de tierno, suave, recién surgido, la etapa primera dócil y delicada, de sentimientos sutiles, sentimientos cuyo grado, cuya intensidad se mide en corazones.

Una de las causas de su desaparición, es como expuse anteriormente, la banalización del mal que lo normaliza falazmente, que insensibiliza a las personas y las hace renunciar a la expresión de sus más refinados y sutiles sentimientos, como si ello fuera síntoma de debilidad, cuando en realidad es todo lo contrario. Solo las personas seguras de sí mismos expresan con libertad sus sentimientos. La expresión del amor, no sólo de palabra sino de acción, es hoy paradójicamente, más tabú que el sexo. Se muestran las desnudeces y relaciones sexuales con más frecuencia y más explícitamente, que la ternura, sobre todo en los hombres. Y eso creo, ha restado a las relaciones esa finura, ese respeto que antaño rodeaba el noviazgo y que en alguna medida hacía que las relaciones matrimoniales fueran más duraderas, más acertadas y es que la ternura provoca respeto, admiración, sentimientos de unión y agradecimiento. Nada hay más dulce que la suavidad de una caricia tierna.

La ternura aunque se pierda en la juventud, siempre retorna en el otoño de la vida, como que perdemos miedo a expresar nuestros sentimientos y los mostramos abiertamente, porque en la sabiduría que confieren los años, encontramos lo absurdo que es ocultarlos, pues con ellos proporcionamos y nos proporcionamos alegrías infinitas y momentos de dulzura inefables.

La ternura es un sentimiento entrañable que da valor a nuestro espíritu y calor amable al alma de quien lo recibe. Es una forma simple, pero poderosa de armonizar con los demás, de integrarnos al espíritu amoroso del Universo, donde alcanzamos la plenitud y somos felices. Sólo los espíritus plenos, delicados son tiernos, los que no sólo viven de pan, sino de las maravillas del espíritu y sus emanaciones suaves y placenteras que constituyen uno de los grandes disfrutes de nuestra existencia. Porque la ternura es íntima expresión del ser no del tener, que todo lo embota y deforma. Es expresión de nuestra sensibilidad y sobre todo de la sinceridad y exquisitez de nuestros sentimientos.

Las madres son la máxima expresión de la ternura, su amor absoluto incondicional por los hijos es sorprendente y digno de los mejores elogios, pero...¿por qué no es así en los hombres?, ¿qué nos impide ser tan amorosos como las madres?, creo que no es normal. Hay algo en la educación humana que nos hace fallar en ese sentido; miles o quizás millones de años de prepotencia y dominio masculino, han adormecido, suprimido, reprimido ese sentimiento tan puro y tan suave. No creo que tenga que ver o interferir con el valor, hombría o autoestima masculinas. Es sencillamente otro sentimiento excelso, que deberíamos de hacer aflorar y mostrar cuando es necesario, porque lo es. Dice Fernando Sabater “El amor sin ternura es puro afán de dominio y de auto afirmación hasta lo destructivo". Completamente de acuerdo.

En fin, la recuperación de la ternura como sentimiento de armonía y humanidad, es una necesidad para contrarrestar la violencia, el desamor y la falta de solidaridad en este mundo materialista y consumista que nos abate y nos hace esconder nuestras más puras esencias. La sabiduría nos devuelve esa capacidad.